May 21, 2008

Magus @Austin

Ayer, como a la 1 p.m. estaba instalando un programilla con mi primo, en un momento de calma me dijo: "Mañana a esta hora ya vamos a estar en Austin". Quizás ese fue el primer momento en que ya todo cayó en su lugar y me di cuenta que, efectivamente, mañana estaría en Austin.

El viaje comenzó, como mis más recientes aventuras a las dos de la mañana, hora en que mi apá se levantó para llevarme a la terminal de camiones. De ahí hasta el aeropuerto de la Ciudad de México no hubo mayor contratiempo, al llegar buscamos la línea por la que íbamos a viajar y la encontramos cerrada con un letrerito que decía más o menos: "estimado cliente, estaremos fascinados de atenderlo en la terminal dos". Comenzamos a caminar hacia la terminal dos, que queda justo al otro lado del aeropuerto y al llegar al tren que nos iba a llevar nos informan que está echado a perder por lo que tenemos que tomar un camión. Después de eso nos dieron los boletos rápidamente con un sistemita bien interesante que utiliza el pasaporte (nada de papeles, pasan tu pasaporte por un lector y te dan los boletos).

Todo parece bueno hasta que nos damos cuenta de que ahora tenemos que esperar horas y horas para abordar por lo que, todavía más dormidos que despiertos, nos pusimos a cabecear en una banca cercana hasta que dieron las ocho y media.

El viaje a Houston fue rápido, lo que representó un problema porque justo cuando se me estaba quitando el pánico del ascenso empezó el pánico del descenso. Una vez en tierra tuvimos que pasar por migración. Para variar nos hicieron la vida fácil por ser J1, nos abrieron una caja sólo para nosotros y nos ayudaron a llenar todas las formas, después de preguntarnos un par de cosas ya nos dejaron pasar.

La llegada a Austin fue más o menos igual de poco interesante. Del aeropuerto tomamos un taxi (el taxi tenía un GPS que te iba diciendo dónde dar vuelta y cuándo) y fuimos viendo toda la ciudad porque resulta que queda practicamente hasta la otra esquina. La casa de Paco está padrísima, además de que es una verdadera casa de computólogo (algo que se nota a leguas cuando te das cuenta de que su monitor de computadora es más grande que la tele). Por si fuera poco ya hasta nos tenía preparados unos colchones inflábles.
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