May 15, 2008

Envisado

Hace algunos días viajé una vez más a la ciudad de México, esta vez con el objetivo de tramitar la visa. El viaje comenzó a las 2:30 a.m. porque a esa hora sale un camión especial de Primera Plus (muy recomendable) que te lleva hasta la embajada y una vez ahí te ayudan a revisar tus documentos para que todo esté en orden y no vayas a tener ningún problema.

Una vez que llegamos a la embajada nos dimos cuenta de que había una fila enorme, de un par de cuadras de largo y nos formamos hasta el final, sin embargo mi primo decidió que no era posible que estuviéramos esperando tanto tiempo entonces fue a preguntar y le contestaron que la gente hacía cola porque quería, que en la embajada todo se manejaba por citas y si teníamos cita entonces podíamos pasar de una vez.

Ya que estuvimos adentro nos revisaron los papeles, nos pidieron dejar todas nuestras cosas electrónicas en una bolsita de plástico y después nos dejaron pasar. Ya adentro revisaron el pago y nos mandaron a una maquinita de rayos X en la que te piden quitarte hasta el cinturón (qué suerte que de cualquier manera ni uso). En ese momento estaba imaginando un intercambio como el siguiente entre un encargado de seguridad en la embajada y una señorita fresona:
- Disculpe pero va a tener que quitarse los collares y pulseras.
- Ok
- Y todos los demás objetos metálicos
- Ok
- ¡Su falda tiene botones! No, pues va a tener que quitársela.
- Mmm… Ok
Después de eso nos pasaron a una ventanilla y ya vamos llegando cuando nos dice una señora que todavía no podemos estar ahí y nos manda atrás a tomarnos una foto. Pues ya hacemos fila unos momentos, nos piden los papeles y nos toman la foto y nos dicen que pasemos ahora sí a la ventanilla. Antes de llegar nos vuelven a pedir los papeles y nos vuelven a tomar las huellas, yo digo que con el objetivo de verificar que no hayan cambiado en los últimos cinco minutos. Después nos sientan a esperar turno para la entrevista.

Aquí hay dos cosas interesantes que platicar, la primera es que mientras que los turistas los mandan a hacer una cola que parece interminable, a los que vamos a pedir visas especiales nos hacen una fila especial que además de tener menos gente, tiene más cónsules atendiendo. La segunda es que yo esperaba que en la cita se abriera una puerta y saliera un señor trajeado y me dijera que pasara y entonces nos sentáramos en una mesa (preferiblemente redonda) y ahí discutiéramos acerca de la visa. Me desilusioné mucho cuando se abrió la ventanilla y una señora común y corriente empezó a llamar a la gente que iba delante de mí.

Una vez que pasé a la ventanilla me pidieron mis papeles (otra vez), los revisaron y me hicieron algunas preguntas: ¿cómo estás? Híjole, qué bueno ¿a dónde vas? Orale, está padrísimo ¿quién va a pagar el viaje? Wow, está super bien ¿qué vas a hacer ahí? Etc. Y en cinco minutos la señora, increíblemente agradable, ya me había aprobado la visa.
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