Apr 12, 2007

Todo lo que Brilla

Por: Magus

Entrando a la cantina los vi. Se encontraban en una mesa chica justo en frente de la barra. Me percaté que no había hecho ningún plan para detenerlos por lo que decidí sentarme y meditarlo un poco. A los pocos segundos se acercó el cantinero a preguntarme qué quería tomar. Como nunca había estado en un lugar como este y no tomaba, me sentí tentado a pedir un jugo de naranja, que es muy saludable, pero lo más prudente era pedir una bebida alcohólica (para guardar las apariencias), me decidí por una piña colada. Se me quedó viendo como si hubiera pronunciado una atrocidad, me dijo que mejor me iba a dar una cerveza, levanté los hombros y le dije que hiciera lo que quisiera.

Volví al problema realmente importante. Llegué a la conclusión de que eran cuatro personas y no podría combatirlos todos juntos, por lo que era preciso dividirlos. Este último problema ya no fue tan sencillo de resolver y mientras le daba vueltas al asunto se levantó una de mis víctimas para ir al baño. No podía creer mi suerte. Me levanté rápidamente y lo seguí. Como no había tenido oportunidad de esbozar un plan decidí invocar el conocimiento de Stan Lee y pensé ¿Qué haría Spiderman si estuviera en esta situación? Cubrirlo con telaraña. Tomé un extintor que estaba frente a la puerta del baño y entré con determinación.

Durante los siguientes minutos suceden varias cosas de las que preferiría no acordarme. Pero cuando menos la hazaña no fue una pérdida total ya que realicé un par de descubrimientos interesantes. Primero, cuando abrí un retrete para cambiarme comprobé que mi profesor de orientación estaba en lo correcto cuando dijo que podías contraer enfermedades de transmisión sexual en un excusado y segundo, descubrí que el gas de un extintor puede dejar ciego a un hombre. Entre toda la confusión que me causaron estos descubrimientos pude aplicar todo el peso de la ley, varias veces, sobre el cuerpo del delito.

Debo admitir que las miradas acusadoras de las personas que me vieron seguir a un hombre al baño, cambiarme a un traje de spandex color duraznos con crema y abrirle la puerta a una persona mientras estaba en sus asuntos fueron un fuerte golpe a mi moral, pero intenté recordar por qué estaba aquí: un gran poder trae una gran responsabilidad. Una clara imagen del camellón, con la fuente simbolizando nuestros antepasados y la libertad. Ahora aparecen tres jóvenes, sólo llevan puesto un traje de baño, corren hacia la fuente y entran. No puedo dejar que esta falta de respeto atente contra la dignidad de los ciudadanos. Pongo en marcha un plan digno del hombre murciélago y comienzo a seguirlos.

En mis averiguaciones descubrí que los infractores son miembros de una banda satánica de homosexuales que adora a Jack Skellington ya que los tres usan pulseras de picos con una imagen de este personaje, visten de negro, usan aretes y se pintan los labios. Fue durante la segunda semana de investigación que me trajeron a esta cantina, sin duda un estandarte del crimen organizado. Al entrar tomaron una mesa en la esquina, cerca de la barra. Se les acercó un cuarto hombre, probablemente era un poeta maldito porque apuntó algunas cosas en su libreta antes de ir al baño, donde mi valor, y un extinguidor, lograron derrotarlo.

Mientras esperaba en la barra, el cantinero regresó con mi cerveza y le di un sorbo. Para estos momentos ya contaba con un plan. Iba a esperar a que uno de los tres sobrantes se levantara al baño y una vez ahí, bueno, una vez ahí improvisaría como la vez anterior.

Debido a lo corto de mi carrera como benefactor de la justicia mi historia no es tan conocida como la de otros héroes. Durante mi niñez fui el hazmereír de toda la secundaria, y al entrar a preparatoria decidí dejar de serlo. Comencé una investigación bibliográfica utilizando todos los recursos a mi alcance, cuarenta y siete historietas del hombre araña, once de los cuatro fantásticos y una de Archie a la que no le hice mucho caso. Terminando mi investigación fue muy claro que lo que debía hacer era bombardearme con algún tipo de rayos especiales.

Esperé a que mis padres dejaran la casa y fui a la cocina, donde estaba el único instrumento capaz de darme el poder que yo necesitaba: el microondas. Primero intenté meter la cabeza completa, pero por desgracia el horno no prendería si la puerta estaba abierta, probablemente por la epidemia de súper poderes que esto supone. Decidí no rendirme e idee otro plan, atrapé una araña en el jardín y la introduje en el microondas, después de algunos segundos explotó. En ese momento me di cuenta de que mi plan estaba funcionando y la araña había sido destruida, sin duda, por los poderes mentales que había obtenido. Durante la noche pensé que no sería suficiente el poder de destruir una araña para impresiona a los niños de la escuela, que de manera rutinaria decapitaban insectos, por lo que decidí tomar medidas más directas y al día siguiente introduje una cuchara con cuidado al microondas, me la metí en la boca y lo prendí al máximo de potencia. Obtuve tanto poder que explotó el microondas y se quemó la casa.

Eso era lo que les esperaba a estos tres una vez que se movieran. Por desgracia no parecían muy convencidos de la necesidad de ir al baño y esperé algunas horas. Tomé un par de cervezas más y pedí la cuarta cuando, sin avisar a nadie, se levantaron los criminales. Pregunté al cantinero cuánto le debía y cuando me percaté que toda mi quincena se iría en mi lucha contra el crimen decidí tomarme la última cerveza de un trago.

Desgraciadamente el resto de mi historia es un poco difuso. Recuerdo salir de la cantina y tener la clara sensación de que podía volar. Ese super poder no se había manifestado antes, pero parecía perfecto para la situación por lo que comencé la persecución. Lo próximo que recuerdo es el techo blanco del hospital y mi mamá dando de alaridos porque su bebé estaba todo golpeado. Me imagino que lo que sucedió fue que todavía no tenía un buen control sobre mi recién adquirido poder y tuve algunos problemas técnicos a la mitad del vuelo, aunque los moretones en mis brazos y cabeza sugieren que tuve una gran pelea con las fuerzas del mal. Por lo pronto no puedo salir de mi cuarto ya que el doctor sugirió algunos días de reposo.
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