Jan 23, 2007

Cicatrices

Por: Magus

Claro que me gustan las cicatrices. Por ejemplo, esta me recuerda mi niñez. Estaba en la primaria, era el día de la expropiación y me hicieron ir disfrazado de torre de petroleo. Lo que nadie me dijo es que las torres no tienen ojos y que tenía que bajar tres pisos de escaleras. Los primeros escalones si me dolieron, ya después ni los sentía. Al caer me levanté y vi que estaba todo manchado. Me cosieron la cabeza en urgencias, ya casi ni se nota.

Esta otra me la hice cuando estaba brincando una pared que tenía vidrios rotos. Luis me dijo que si pasaba, que él había visto a Beto hacerlo. Roberto era un chavo del año anterior que siempre nos estaba presumiendo que sabía karate, aunque yo sospecho que no era cierto. Nada más no le pegaba porque Miss América nos enseñó a respetar a los menores, nada tenía que ver con que fuera más alto que yo. Decidí que si Beto podía brincarse la pared, yo también. Se me atoró el pantalón con unos tabiques salidos y me rajé toda la pierna con los vidrios, esa me la atendieron ahí mismo en la escuela.

De la secundaria tengo muchos. El codo lo tengo salido porque estábamos jugando a las luchas, yo era el Santo. Le hice un rompebolas a Luis, que era Blue Demon y mientras estaba tirado, brinqué desde arriba del escritorio de la maestra para darle un codazo. El güey se movió. También tengo cicatrices de cigarro en los brazos, son de cuando jugábamos gallina. Nos poníamos un cigarro y el que primero se lo quitara tenía que pasar en calzones frente a la oficina de la directora. No estoy seguro si fue peor cuando nos suspendió Miss América por una semana o cuando el conserje se sonrojó y le pidió su teléfono a Luis.

En la nalga tengo otra. Me la hice cuando iba en la preparatoria después de que conocí a mi primera novia. Ella me pidió que le demostrara mi amor. Como mis papás no me dejaban hacerme un tatuaje decidí sacar un clavo de la puerta y calentarlo en la estufa. Nunca logré terminar el tatuaje, pero un día que estábamos cambiándonos después del entrenamiento Luis me dijo que se veían claramente las letras G-A-B. Ella se llamaba María.

Esta me la hice saliendo de la fiesta de bienvenida de mi carrera. Luis nos iba a llevar a nuestras casas, así que yo ya había tomado algunos tragos coquetos cuando entró María. Creo que a Luis no el gustó que lo dejara solo, aunque, en retrospectiva, quizás fue mi selección de palabras que incluía al menos tres variaciones de la palabra marica. Para cuando terminó la fiesta Luis ya se había ido y yo no me podía quedar parado. Me agarré de un poste en la esquina de Huerta a esperar el camión. Cuando apareció pensé que no iba a hacerme la parada entonces brinqué a la calle para detenerlo.

Esta última me la hice trabajando. Me había trepado en un poste de luz porque nos habían informado que no había electricidad en toda la cuadra. Resulta que el arnés no estaba bien puesto y al resbalarme me rajé todo el brazo con unas varas. De ahí me mandaron a urgencias para que me revisaran y me vacunaran contra tétanos. ¿Ya ve que no me dan miedo las cicatrices, doc? Pero por favor, no me vaya a pinchar con la aguja.
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