Aug 3, 2007

Hairspray

Alguna vez le preguntaron a Jorge Ibargüengoitia si era posible que hubiera buen cine mexicano, a lo que sin pensarlo contestó que no. Por suerte el cine gringo no tiene mucha más suerte y sus probabilidades de producir buenas películas son apenas marginalmente superiores.

Esto se debe, en parte, a que los directores de cine no pueden conseguir dinero para producir una película que no es seguro que regrese todo el dinero invertido. Esto los lleva a tomar un libreto tried-and-true de los que hay muchos en el cine.

Tenemos, por ejemplo, la película en la que alguna raza de extraterrestres, muertos vivientes o terroristas tienen al mundo de rodillas y los únicos que pueden salvarnos son los Estados Unidos. Si esto fuera la vida real estaríamos fregados porque los gringos son bien brutos para eso de las guerritas, pero por suerte estamos en el cine y aquí destruyen a los terroristas/aliens/zombies.

Otro caso es el de una escuela (primaria o secundaria) que tiene un equipo deportivo conformado por puros perdedores. Por suerte uno de los niños lleva a un perro que es buenísimo jugando lo que sea, este perro termina por ganar toda la temporada él solo. En el primer partido de la temporada alguien va a decir "¿pero puede jugar un perro?" y le van a contestar "no hay nada en las reglas que lo prohíba". El grupo de tarados que sentaron en la banca para que jugara un perro se va a reír del chiste.

Algunas otras películas tratan sobre una persona que es claramente inferior, pero que a base de esfuerzo logra superarse y termina siendo igual o mejor que los demás. Esta última es de la que quiero hablar en este momento.

Ayer que fui a ver los Simpson (muy buena película) me encontré con los cortos de una película que se llama Hairspray. Esta película cuenta la historia de una gorda que quiere participar en un programa de televisión. Sin haber visto la película me aventuro a decir que al final de la película va a cumplir su sueño.



Lo que me parece genial de estas películas es que parten precisamente del punto de que los gordos son inferiores, es decir, no dicen “los gordos son buenos” sino dicen “aunque todos sabemos que los gordos son tarados, no todos son tan malos y algunos hasta podrían bailar”. Tanto así que la gorda de la película se enamora de un flaco buenote y no de otro gordo agradable.



Lo más curioso es que el director que está convencido de que las gordas son buenas y tiene que llevarle este mensaje a sus compatriotas gringos decide hacerlo contratando a dos gordas y cientos de actrices buenísimas, eso sí que es darles igualdad de oportunidades.


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