Oct 7, 2006

Gusfraba

Por: Magus


Estimado lector, te admito que nunca me había sentido tan mal. Quiero pedirte que si encuentras esta carta la publiques. Te voy a contar mi historia, desde el principio, para que me puedan perdonar por tomar la decisión que tomé.

Con nostalgia recuerdo los días en que podía pasármela atrapado en el tráfico durante horas escuchando el melodioso llanto del bebé en el coche de junto mezclarse con la música a todo volumen de un darketo. Esos días en que siempre dejaba el pago de las cuentas para el último momento y cuando no estudiaba para ningún examen y reprobaba todas las materias. En mi juventud fui arrogante y nunca imaginé llegar al estado deplorable en que me encuentro ahora, que, con vergüenza te admito, me estresa.

Todo empezó un día que Adán y yo acabábamos de pelear con nuestras novias. Yo estaba más feliz que nunca pero Adán no se lo tomó tan bien. Dijo que quería ir a ver a un amigo pero mejor fuimos a tomar. Perdí la cuenta del número de cervezas que pidió pero recuerdo que no pudo salir caminando del local y tuvieron que echarlo a patadas. Esa fue, por desgracia, la gota que derramó el vaso para Adán y al día siguiente decidió pedir ayuda. Le recomendaron Gusfraba.

Desde ese momento empezó a alejarse de mi. Pero yo, que todavía era muy popular, me empecé a juntar con Eva. Ella era gerente en una compañía y siempre tenía muchísimo trabajo que hacer. Fuimos muy buenos amigos durante meses hasta que un día tuvo un ataque nervioso: para poder terminar un proyecto a tiempo estuvo tomando café con aspirinas durante dos semanas. Eso fue lo más divertido que me había pasado. Eva tuvo que ser hospitalizada de emergencia. Al recuperarse el doctor le recomendó Gusfraba. Ella también me dejó.

Ahora estoy solo. Llevo así algunos meses pero ya no puedo aguantar el dolor así que decidí probarlo yo mismo. Para quitarme el estrés voy a probar Gusfraba. Debo admitir que ni siquiera yo entiendo las implicaciones que esto representa. Se que podría morir o que podría perder todo mi significado. No se qué sucederá cuando controle mi estrés, porque como tú sabes bien, querido lector, yo soy el estrés.

Deposito toda mi confianza en ti para que entregues esta carta al mundo para que me puedan perdonar por mis próximas acciones. Te quedaré eternamente agradecido.


Muchas Gracias,

Sr. Estrés


(El artículo fue publicado igual que en su versión original)

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