Aug 19, 2006

Oceanside
Por: Magus

If I could only get you oceanside
to lay your muscles wide
it'd be heavenly

The Decemberists


Todo empezó mucho antes, pero nada tiene sentido hasta la llamada. Yo estaba manejando frente al malecón, me esperaban en casa de mis papás y sonó el celular. Lo tomé sin ver, pensé que serían ellos para preguntar a qué hora llegaba, cuando contesté escuche una voz de mujer que no reconocí

– ¿Estás ocupado?
– Un poco, estoy manejando
– Soy Anabel ¿vas a estar ocupado hoy? Tengo que darte algo.
La conocí hacía dos años, frente al mar, no muy lejos de donde estaba. Sentí que pasaron varios minutos, pero contesté en seguida.
– Estoy ocupado, mejor mañana o el lunes.
– Bueno, te hablo el lunes.

Después de eso colgó. Hacía más de un año que no sabía nada de ella. Cuando la vi por primera vez estaba absorta viendo al mar, estuve junto a ella hasta el anochecer, recuerdo que pensé que las olas hacían espuma sólo para ella. Nos seguimos viendo casi diario.

Un día llegó llorando, me dijo que había tenido un problema en su casa, que su papá no la quería y se sentía muy sola. Tomé un pedazo de madera y le tallé un corazón – Nunca vas a estar sola, porque ahora tienes mi corazón –. Le pregunté si quería tener un novio, me dijo que no.

La vi por última vez algunos días después. La encontré en el malecón, había prometido verme ahí. Estaba feliz, me dijo que ya tenía novio. Estuve viendo el mar sin decir una sola palabra durante horas. Me preguntó por qué no decía nada, no contesté. Me gustaría pensar que entendió, pero se que no es así.

Y ahora la llamada, no sabía que pensar. ¿Qué necesitaba darme, por qué volverme a hablar después de tanto tiempo? Quizás una carta, pedirme perdón. Por supuesto que no. Quizás había encontrado algo mio y ya no lo quería, quizás mi corazón. ¿Por qué devolverlo? Mejor tirarlo a la basura. Esperé su llamada el lunes, pero no llamó. Tampoco el martes, ni el miércoles, pensé que una vez más había desaparecido de mi vida y que solamente era una burla pero después de unas semanas llamó, me dijo que nos viéramos en el malecón.

Ella había cambiado mucho, pero seguía siendo igual, pensé que yo también. Rentamos un bote para hablar. El mar estaba picado, el bote se tambaleaba, ese día el viento se puso sus guantes de sol. Anabel me preguntó qué había pasado y me pidió perdón. Le dije que no me gustó que me cambiara. Comenzó a llover. Me dijo que seguía siendo importante para ella, le contesté que ahora ya no importaba. El viento soplaba con fuerza y el agua forcejeaba con el barco. Anabel me gritó que no sabía nadar cuando el barco se volteó. Nadé para subirla al barco, pero yo no tuve tanta suerte. Ahora soy parte del mar, Anabel no me devolvió mi corazón pero ya no lo necesito.
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