Feb 21, 2007

David Rodríguez

Por: Magus

Yo conocí a Alejandro Vega cuando entré a trabajar a MaguSoft, unos cien años después de que engañó a la muerte. Ese mismo año, 2197, la revista Entrepreneur lo había nombrado empresario del año y para valuar su empresa ya hacían falta quince ceros. No fue casualidad que lo conociera, desde que me encontraba en universidad había recibido varias ofertas de trabajo de su compañía. Mis habilidades en programación de inteligencia artificial me hacían un excelente prospecto de empleado, ya que habían muy pocas personas que se enfocaran a esta rama. El día que me contrataron Alex me invitó a tomar una copa con él.

Su oficina era de unos cien metros, únicamente tenía un escritorio de madera con una computadora como las de los empleados. Alejandro estaba sentado en su silla en una pose fetal típica de los programadores, calculé que tenía unos ochenta años. Como mi nuevo patrón tenía tanto dinero, yo esperaba que hubiera cámaras y guaruras pero no había ninguno, Alex notó mi inquietud y me dijo que él no le tenía miedo a la muerte. Me invitó a sentarme y sirvió una copa de vino. Dijo que él prefería no tomar porque no era bueno controlando el alcohol. Su comportamiento me pareció un tanto excéntrico, pero pensé que todos los ricos son algo peculiares.

MaguSoft era una compañía de desarrollo que se encargaba de automatizar operaciones, nuestro fuerte era la inteligencia artificial. Bajo el brillante liderazgo de Alex la compañía estaba en una edad de oro, que terminó después de que obtuvimos el premio de la Mejor Casa de Software de América, aunque en ese momento pensamos que seguiríamos creciendo. Para celebrar el logro Alejandro decidió organizar una comida para todos los programadores. El comité organizador contrató a unos taqueros. La comida no fue muy buena porque decidieron bañar el bistec en cerveza y se les pasó la mano. Después de terminar la comida Alejandro se levantó, se acercó a mi mesa y me preguntó si podía acompañarlo un momento.

¿Quieres saber por qué no le temo a la muerte? – Su voz tenía una cierta aspereza alcohólica que no dejaba duda de su estado – puedes decir que empezó cuando yo todavía estaba en la preparatoria, yo creo que fue en 2003. Estaba trabajando en un proyecto de programación que valía setenta por ciento de la calificación final. El trabajo fue bastante malo, recuerdo que mi arrogancia me hizo culpar a las constantes interrupciones por chat que me hicieron mientras trabajaba. Comencé a crear un sistema al que nombré David Rodríguez. El nombre estaba basado en mis dos influencias más importantes, 2001: Odisea del Espacio (HAL me pareció demasiado trillado) y Futurama. La primera versión leía mensajes de chat, analizaba el texto utilizando una lista de palabras y me avisaba en caso de que fuera necesario contestar. Algunos años después, cuando estaba en la universidad, mejoré el sistema para que pudiera contestar a varias frases utilizando una red neuronal, incluso podía entablar algunas conversaciones inteligentes. El programa me valió el primer lugar en el concurso de Robótica e Inteligencia Artificial de ese año.

Conforme pasaba el tiempo iba mejorando el sistema. – continuó Alex – Cuando fundé MaguSoft necesitaba que alguien realizara varios trabajos de secretariado, así que decidí agregarle un analizador de voz que guardara llamadas en una base de datos y contestara a los clientes según fuera necesario, más tarde cree nuevos módulos para que llevara la contabilidad y para que se comunicara con proveedores. Después de unos años mi programa se convirtió en el corazón de la compañía. Dicen que cuando creas una obra de arte le pones un poco de ti; David era como una parte de mí, yo creo que eso fue lo que confundió a la muerte.

Ese día de 2067 – sus pupilas se dilataron – vi a la muerte a la cara. En el cuarto de servidores había una figura delgada y oscura que susurró junto a David: "Alex, es hora de irnos". El hombre desapareció junto con la máquina y todos los respaldos. Sentí que el estómago se me revolvía de la misma manera que cuando bajaron el daño de los guerreros en World of Warcraft. Después de ese encuentro dejé de envejecer, la muerte se había confundido y ahora ya no sabía nada de mí.

Cuando terminó su historia todos estaban escuchándolo. Los programadores, sin querer arriesgar su empleo, no sabían si debían reír. Decidimos que Alex lo decía en serio y alguien sugirió guardar unos minutos de silencio por David. Entonces rompió una tormenta que terminó con la fiesta.

Alex nunca regresó a su casa y no volvió a presentarse a trabajar. Por la falta de liderazgo y las peleas de la herencia (aparentemente Alex no tenía ningún familiar) la compañía quebró en pocos meses. Unas semanas después de la fiesta decidí consultar los registros de la empresa. Según los libros la compañía había sido fundada en 2011 por Alejandro Vega y José David Menchaca. Una fotografía mostraba al mismo hombre que había visto en la oficina hace unos años sonriendo detrás de una computadora frente a un edificio que tenía escrito MaguSoft.

Marcelo Castro, un chavo de contabilidad, dice que vio a un hombre pálido y delgado acercarse a Alejandro al salir de la fiesta – le dijo que venía a corregir sus errores – pero nadie le cree porque también dijo que vio a la virgen en la taza del baño. Yo prefiero creer que Alex se aburrió de su vida como rico y decidió iniciar otra vez. Por supuesto, tiene todo el tiempo del mundo.

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