Apr 18, 2012

Los Bares del Boulevard

Hola a todos, mi nombre es Pedro y soy un alcohólico. – Hola Pedro – En realidad no sé por qué estoy aquí si yo no tengo ningún un problema pero mi familia se espanta de que de vez en cuando amanezco sin saber en dónde estuve la noche anterior, no entienden que eso sólo es diversión.

Como esa vez durante mi fiesta de graduación. Había invitado a mi amor de prepa, se llamaba Paulina ¿o era Pamela? Bueno, eso no importa, el punto es que pasé por ella a su casa recién caída la noche, yo estaba vestido en un esmoquin y me veía como un joven de porvenir. Al llegar tuve que hacerle algo de plática a su papá que estaba esperándome en la puerta, me dijo todas las cosas que un buen suegro tiene que decirte: que espera que traigas a su hija temprano, que nada de tomar, que mucho respeto. Cuando por fin bajó Paulina me quedé boquiabierto porque traía un escotazo, supongo que también traía un vestido bonito y estaba muy bien maquillada.

De ahí nos fuimos al precopeo y tomamos unas copitas para ir quitándonos los nervios, al llegar a la fiesta bailamos y con esto de que no traían la comida nos echamos un par de tequilas para calmar el hambre. Poco después Paulina me dijo que se sentía un poco mareada entonces salimos al balcón y estuvimos viendo la luna llena hasta que se nos bajó un poco. Después de entrar nos sirvieron la cena y seguimos tomando. No recuerdo exactamente qué pasó después, pero estoy seguro que estuvo poca madre porque amanecí en casa de una chava que ni conocía.

Pero esa no fue la peor peda que he tenido. Durante un viaje a Paris, una amiga me invitó a su exposición final de la universidad. Mientras veíamos los trabajos pasaban varios meseros con copitas de vino. Yo que nunca le he dicho que no al alcohol gratis debí haberme tomado unas siete copas cuando mi amiga me dijo que su pintura había sido premiada, por lo que nos fuimos a festejar a una cantina. En la cantina pedimos barriles de cerveza hasta que todos quedamos borrachos y decidimos mejor irnos a casa de mi amiga. Saliendo caminamos un rato por las calles de la ciudad, recuerdo que en algún momento vimos la luna llena, pero después no recuerdo nada. Sin embargo, sé que estuvo increíble porque amanecí con el pantalón hecho trizas y la camisa ensangrentada. Nunca me pude despedir de mi amiga, porque cuando desperté ya todos se habían ido. Terminé desayunando sólo y me regresé a México esa misma tarde. Yo sé que todo esto hubiera preocupado a alguien menos hombre que yo, pero cuando tienes este cuerpazo te acostumbras a que las chavas te arranquen los pantalones. 

De hecho, eso me recuerda a Denise. A ella la conocí en un bar del centro, un lugar chiquito donde se inhala cigarro y se exhala poesía gótica. Nos conocimos unos meses antes de mi viaje a Paris. Ese día casi no había tomado porque el alcohol y el tabaco no combinan, pero Denise igual se acercó a mí y en seguida supimos que había una conexión entre nosotros: ella buscaba a un hombre alto y bien parecido y yo buscaba a una mujer que tuviera pulso. Después de platicar un rato sobre poesía decidimos ir a su cuarto. Las cosas avanzaron rápidamente, comenzamos a quitarnos la ropa y me di cuenta de que era Europea porque tenía pelo en las axilas, pero cuando ya estás a medio desvestir no te detienes por pequeñeces. Comenzó a besar mis pies, subiendo por mi pierna. Mordió mis brazos. Sentí un dolor intenso, pero le dije que continuara. Ese día amanecí con el cuerpo adolorido, la ropa hecha pedazos y un moretón en el cuello como nunca antes me habían dado. A veces me siento en el balcón con unas cervezas, veo el anochecer pensando en ella y, si hay luna llena, me dan ganas de aullar.
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