Mar 2, 2008

Contra las importaciones japonesas

Ayer fuimos al DF a una comida de mi familia. La idea era que cada persona de la familia llevaba un platillo y todos compartíamos de todo. Como los Laborde son algo espléndidos nadie llevó lo que comía su familia sino mucho más y terminamos con muchísima comida tragando desde las tres de la tarde hasta las siete de la noche.

La parte más interesante de la comida fue la plática que dio un tío abuelo mio (creo) que es considerado el prototipo de los Laborde (pesado y corajudo), durante la plática hubo un juego apasionante de "Adivina quién" donde decían una ocupación y entonces teníamos que adivinar de quién se trataba. El único chiste es que si conoces a la persona entonces no puedes contestar (son las reglas) y si no la conoces, pues tampoco porque no sabes a qué se dedica. No es necesario decir que el juego fue apasionante. Después de eso mi tío nos deleitó con un discurso interesantísimo, tanto que al final se acercó mi tío José Ignacio:
- Pobre de [el tío abuelo], hizo muchísimo tiempo hasta acá
- ¿Pero qué no venía en avión?
- Sí, pero es que venía practicando el discurso en el avión y los pilotos se suicidaron
Sin embargo la comida no es lo importante en este post, sino es algo de lo que me di cuenta en mi visita por la ciudad de la esperanza (donde tienes la esperanza de llegar pronto, la esperanza de que no te roben, la esperanza de que no te agarre un policía, en fin, mucha esperanza): resulta que los mexicanos tenemos, desde hace tiempo, una colonia (¿será? no estoy seguro) que se llama Picacho.

Esto por supuesto que despertó un espíritu patriótico en mi, y decidí que era preciso incitar un nuevo movimiento (porque mi blog se ha vuelto muy revolucionario) ¡tenemos que demandar a los japoneses que se andan robando los nombres de nuestras calles! Y todavía peor, que lo usan para una rata que grita "picachooooo" como una niña de kinder.

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