Feb 23, 2014

Olimpiadas de Invierno

Cuando uno vive en el extranjero, los eventos a los que está acostumbrado se vuelven un poco diferentes. En navidad comes algunas cosas que nunca habías visto, la independencia la celebras borracho en la alberca en lugar de borracho en el Ángel, a la hora de cantar el himno te paras incómodo y mueves la boca como si te supieras las estrofas mientras que... bueno, algunas cosas sí son iguales.

Con las olimpiadas sucede lo mismo, así que mientras en México los noticieros deportivos cubren las apuestas en el hockey y el marcador de Pumas-América en Estados Unidos la narrativa ha sido lo horrible que es el gobierno Ruso porque utiliza los medios para manipular a la gente y por las retrógradas políticas en contra de la homosexualidad, en contraste con los Estados Unidos donde Fox News sólo brinda la información más objetiva con comentaristas pertinentes y sagaces y los gays nos caen de lujo siempre y cuando no se estén casando porque francamente eso de casarte con otro hombre está a un paso de casarte con un perro.

Pero con la clausura el día de hoy ha sido más para recordar los momentos mágicos de las olimpiadas de invierno pasadas. Como parte de la cobertura completamente objetiva de los medios, todos estos momentos mágicos son relacionados a los Estados Unidos y ninguno es más mágico que la historia de Nancy Kerrigan.

A principios de los años 90s el equipo de patinaje de los Estados Unidos tenía a varias de las mejores patinadoras del mundo, entre ellas Nancy Kerrigan y Tonya Harding. Acercándose las olimpiadas de invierno de 1994, Harding comenzó a preocuparse de que ella no tenía oportunidad de ir a las olimpiadas, por lo que comenzó a planear una manera de deshacerse de Kerrigan.

Meses después, durante un viaje de entrenamiento a Tarsonis, Harding comenzó su plan. Primero plantó un emisor psi para atraer a los Zerg, mientras que un golpeador a sueldo le rompía las rodillas a Kerrigan y la dejaba abandonada a la voluntad del enjambre Zerg. Videos de ese día muestran a Kerrigan preguntando "¿por qué?" mientras es arrastrada hacia el Overmind.

Kerrigan, impulsada por la rabia, se curó rápidamente de la herida y volvió a practicar con la misma intensidad que antes, por lo que durante las olimpiadas de 1994 tuvo lo que muchos consideran la mejor actuación de su vida. Los jueces, asombrados con su participación y aterrados por los Hydralisks que los tenían clavados a su asiento le dieron la medalla de oro, plata y bronce.

Kerrigan durante las Olimpiadas de '94

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